ir a: CAPITULOCap. 1CAPITULOCap. 2CAPITULOCap. 3CAPITULOCap. 4CAPITULOCap. 5CAPITULOCap. 6CAPITULOCap. 7CAPITULOCap. 8CAPITULOCap. 9CAPITULOCap. 10CAPITULOCap. 11CAPITULOCap. 12CAPITULOCap. 13CAPITULOCap. 14CAPITULOCap. 15CAPITULOCap. 16CAPITULOCap. 17CAPITULOCap. 18CAPITULOCap. 19CAPITULOCap. 20CAPITULOCap. 21CAPITULOCap. 22CAPITULOCap. 23CAPITULOCap. 24CAPITULOCap. 25CAPITULOCap. 26CAPITULOCap. 27CAPITULOCap. 28CAPITULOCap. 29CAPITULOCap. 30CAPITULOCap. 31CAPITULOCap. 32CAPITULOCap. 33CAPITULOCap. 34CAPITULOCap. 35CAPITULOCap. 36CAPITULOCap. 37CAPITULOCap. 38CAPITULOCap. 39CAPITULOCap. 40CAPITULOCap. 41CAPITULOCap. 42CAPITULOCap. 43CAPITULOCap. 44CAPITULOCap. 45CAPITULOCap. 46CAPITULOCap. 47CAPITULOCap. 48CAPITULOCap. 49CAPITULOCap. 50CAPITULOCap. 51 | Capítulo 4: 1 - Hijo, no defraudes al pobre de su limosna; y no vuelvas a otra parte tus ojos por no verlo. 2 - No desprecies al que padece hambre, ni exasperes al pobre en su necesidad. 3 - No aflijas al corazón del desvalido, ni dilates el socorro al que se halla angustiado. 4 - No deseches el ruego del atribulado ni tuerzas tu rostro al menesteroso. 5 - No apartes desdeñosamente tus ojos del mendigo, irritándolo; ni des ocasión a los que te piden de que maldigan por detrás. 6 - Porque escuchada será de Dios la imprecación del que te maldijere en la amargura de su alma; y lo oirá su creador. 7 - Muéstrate afable a la turba de los pobres, y humilla tu corazón al anciano, y baja tu cabeza delante de los grandes. 8 - Inclina sin desdén tu oído al pobre, y paga tu deuda, y respóndele con benignidad y mansedumbre. 9 - Libra de la mano del soberano al que sufre de injuria y no se te haga esto gravoso. 10 - En juzgar sé misericordioso con los huérfanos, portándote como padre y como esposo de su pobre madre. 11 - Y serás tú como un hijo obediente al altísimo, y este Señor será para contigo más compasivo que una madre. 12 - La sabiduría infunde vida a sus hijos, y acoge a los que buscan y va delante de ellos en el camino de la justicia; 13 - y así quien la ama ama la vida; y los que solícitos la buscaren, gozarán su suavidad. 14 - Los que la poseyeren, heredarán la vida eterna; y donde ella entrare, allí echará Dios su bendición. 15 - Los que la sirven, rinden obsequio al Santo por esencia y Dios ama a los que la aman. 16 - Quien la escucha, juzgará las naciones; y quien tiene fijos en ella los ojos reposará seguro. 17 - Si en ella pone su confianza, la tendrá por herencia, cuya posesión está confirmada en sus hijos. 18 - Porque la sabiduría anda con él, y lo prueba desde el principio , en medio de las tentaciones. 19 - Para probarlo lo conduce entre temores y sustos y no lo pone en prensa con el rigor de su enseñanza, hasta explorar todos sus pensamientos, y fiarse ya del corazón de él. 20 - Entonces lo afirmará en la virtud, le allanará el camino, lo llenará de alegría, 21 - le descubrirá sus arcanos, y lo enriquecerá con un tesoro de ciencia y de conocimiento de la justicia. 22 - Mas si se desviare, lo desamparará, y lo entregará en poder del pecado, su enemigo. 23 - Hijo mío, ten cuenta del tiempo, empléalo bien y huye del mal. 24 - No te avergüences de decir la verdad, cuando se trata de tu alma, 25 - porque hay vergüenzas que conducen al pecado y hay también vergüenza que acarrea la gloria y la gracia de Dios. 26 - No tengas, pues, miramiento a nadie, si ha de ser un daño tuyo; ni mientas a costa de tu alma. 27 - No respetes a tu prójimo cuando cae o peca; 28 - repréndelo, y no reprimas tu palabra o aviso, cuando puede ser saludable; no encubras tu sabiduría en ocasión en que debes ostentarla. 29 - Porque la lengua es la que hace conocer la sabiduría; y la prudencia, y la discreción y la ciencia se echan de ver en las palabras del hombre sensato; mas su fuerza consiste en las obras buenas. 30 - Por ningún caso contradigas a la palabra de verdad, y avergüénzate de la mentira en que haz caído por tu ignorancia o temeridad. 31 - No tengas vergüenza de confesar tus pecados; mas no te rindas a nadie para pecar. 32 - No quieras resistir en su cara al poderoso; no intentes detener el ímpetu de una riada; 33 - pero por la justicia, pugna hasta el último aliento para bien de tu alma; combate por la justicia hasta la muerte, porque Dios peleará por ti contra tus enemigos, y los arrollará. 34 - No seas precipitado en hablar, y remiso y negligente en tus obras. 35 - No seas en tu casa como un león, aterrando a tus domésticos, y oprimiendo a tus súbditos. 36 - No esté tu mano extendida para recibir y encogida para dar.
|